
Ya antes he criticado, sea eso dicho, y también he sido criticado por criticar.
Y es que hay una línea muy fina entre la critica contractiva y las puñaladas por envidia (mas aun en el mundo del arte, cualquiera este sea). Toda opinión nace de un sentimiento, positivo o negativo, y así como es quitarse un peso de encima hacer una critica “negativa” (porque una critica constructiva jamás es “negativa”) también es un deleite hablar o criticar, para el que quiera aplicar el termino, sobre algo que nos hizo sentir bien. Es en este espíritu de criticón que quiero llevarte de la mano al interior de una obra que leí hace poco y me trajo muy buenos recuerdos.
“El capitán Alatriste” es un libro escrito por Arturo y Carlota Pérez-Reverte (Padre e hija) y que nos lleva de vuelta a ese momento de infancia absoluta donde tomamos la regla mas cercana y estábamos listos para matar tigres y salvar princesas.
Es una gran novela de capa y espada que mantiene al niño interior en éxtasis mientras que los giros al genero (que no son pocos ni pequeños) le dan de comer al adulto externo … y viceversa.
“No era el hombre mas honesto ni el mas piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio”… es la línea que nos presenta al antihéroe español que recorre
La trama no es un cubo rubik, y mas de una vez nos encontramos las típicas dicotomías del genero (el amigo de mi enemigo es mi …¿Cómo era?); Hay buenos buenos y malos malos, entre un vendaval de ellos esta nuestro héroe (perdón, antihéroe) que solo quiere ganarse un par de monedas. Pero no por esto desmerece los laureles que le lanzo, es como ver a Flash Gordon y esperar que Ming gane, es parte del genero, emocionarse por la damisela en peligro y asustarse del malo, que por alguna razón siempre aparece a media luz e insiste en reuniones nocturnas.
Una de las joyas de este libro, que se extiende a otras partes de la saga, es la presencia de Francisco de Quevedo, que en mas de una hoja se sienta con nosotros en la taberna del Turco a lanzar un par de versos (la mayoría contra Lope de Vega) y un par de carcajadas (a expensas del nombrado).
La damisela no podía faltar, pero como nada es lo que parece, el dúo Pérez Reverte nos regala a Caridad
La sangre siempre llega al río, y los aceros terminan siempre por cruzarse, y es por eso que aquí no faltan (ni sobran) duelos, peleas, riñas y disputas de la mas variada indole, siendo el mayor merito del autor que en ninguno de ellos olvida su contexto ni se otorga a la violencia gratuita que es tan común en nuestros días.
Llena de personajes agradables, matices emocionantes y un trasfondo histórico muy bien investigado este libro hace que incluso le tomemos aprecio al malo mas malo (lo que no es nada fácil con una nombre como Gualterio Malatesta)
Sin mucho mas que decir termino este post, ya que si al capitán “no le queda mas que batirse” a nosotros “no nos queda mas que leerlo”.